Nunca un título fue tan acertado con respecto al tema del
libro.
Dos personajes singulares, diferentes, que no encajan en
ningún patrón, existen en paralelo, y, a pesar de reconocerse y de atraerse mutuamente,
cae sobre ellos el muro de la incomunicación que los separa definitivamente.
La incomunicación es el número par que hace que dos números
primos gemelos estén siempre distanciados.
El libro habla de la soledad, pero no de la soledad exógena,
que es la causada por el aislamiento al que te puede someter el mundo exterior,
sino de la endógena, la que emerge del interior de la persona.
Se exploran dos puntos de vista diferentes de dicha soledad
endógena, la de Mattia que rechaza el mundo y la de Alice que se siente
rechazada por el mundo, lo que a fin de cuentas acaba pareciendo lo mismo.
Pero el libro también habla de la falta de comunicación,
sobre todo de la expresiva, que es esa capacidad para hacerse comprender por
los demás, para transmitir mensajes, ideas y sentimientos de forma efectiva.
Libro imprescindible para conocer un poco más una faceta
psicológica humana de la que se habla poco: el mundo interior indiferente al
mundo social.
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