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martes, 5 de junio de 2012

LA CIUDAD DE LA ALEGRÍA Dominique Lapierre


A pesar del abusivo uso de la primera persona y de todas las circunstancias a su favor, Dominique Lapierre no consigue transmitir toda la carga emocional que se podría esperar de las situaciones que narra. Le falta un punto de valor literario para que el lector se abrume de sentimientos, tal y como se consigue en otras obras de la literatura universal, como por ejemplo en Las Uvas de la Ira.
Posiblemente su profesión de periodista le impida ser un gran novelista.
De los hechos relatados en la novela extraigo las siguientes conclusiones, de las cuales algunas es posible que  ni el propio Lapierre compartiera:

1.    La cultura de una sociedad marca su destino económico.
2.    La religión es la parte esencial de la cultura de una sociedad.
3.    La cultura enmarcada dentro de las religiones hindú, musulmana y sijs propicia el estancamiento económico de las sociedades donde se arraiga.
4.    El buenismo católico no viene más que a cronificar la miseria allá donde se encuentre.
5.    Del judaísmo no se da ninguna pista, salvo la que la práctica un rico médico estadunidense, pero no se ve ninguna asociación.
6.    El protestantismo ni se nombra, por tanto nada que decir.
7.    El comunismo no viene más que a empeorar aún más las cosas.

Es verdad que la corrupción política y policial, la proliferación de mafias, los abusos de todo tipo, el nulo respeto por unas mínimas prácticas sanitarias, la nula previsión ante el futuro, la descarnación general de la sociedad, etc,  la practican los individuos, pero es la cultura la que impregna a los individuos y la que, en definitiva, dicta a los mismos sus pensamientos y costumbres.
La conclusión final es de desesperanza: El tercer mundo nunca saldrá de su situación de miseria económica, porque su arraigo cultural impedirá a sus propios individuos actuar de la forma social y económica adecuada.
No se trata de educación, no se trata de escuelas, no se trata de caridad católica, ni de tecnología del primer mundo, no se trata de dar pescados, ni siquiera de enseñar a pescar. Se trata de imposibles cambios culturales.

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