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martes, 22 de mayo de 2012

EUGENIÉ GRANDET Honoré de Balzac


Parece que Honoré de Balzac supo describir perfectamente a la burguesía de la época y sus costumbres, pero no llegó a entenderla. ¿Cómo si no se explica el hecho de que sea capaz de exponer las situaciones de forma real y realista a la vez que las crítica injustificadamente, haciendo al lector cómplice de sus opiniones.


Durante la lectura tuve la impresión de que al “pobre” Grandet, el padre de Eugenié, el autor le trata con injusta dureza. Analicemos:

·        Critica a Grandet, el “avaro”, simplemente porque gana dinero con inteligencia, que el autor llama despectivamente especulación.
·        Grandet siente satisfacción y orgullo en el acto de ahorrar, el autor lo llama acaparar.
·        La vida de Grandet es austera, el autor la llama miserable, aunque no falta de nada que no sea superfluo.
·        Grandet quiere a su familia, aunque el autor quiera dar la impresión de que no es así.
·        Honore de Balzac hace de Grandet un avaro ateo, para aumentar la dimensión del Dios dinero, cuando la acumulación honrada de dinero es una virtud del judaísmo y del calvinismo, origen del capitalismo.
·        El “avaro” siente emociones muy satisfactorias con el acto de ganar y ahorrar dinero, aunque el autor considere su vida como anodina.
·        Honore de Balzac niega el código de honor del dinero, pues si la quiebra es una deshonra para el que la realiza, el autor la menosprecia al considerar solo como tal a la quiebra fraudulenta; pero lo que no acaba de entender Honoré es que la quiebra fraudulenta no es un deshonor, es un delito.
·        El autor critica el matrimonio motivado por intereses a pesar de exponer las ventajas sociales que supone, sobre todo de cara a los hijos.

Eugenié se convierte sin proponérselo en archimillonaria, ¡enhorabuena!, pero como casi todo en la vida el dinero es un resultado que viene dado por un determinado proceso. La satisfacción está tanto en el resultado y como en el proceso, por tanto si consigues el dinero sin habértelo ganado te pierdes la satisfacción del proceso de conseguirlo, y eso es lo que parece que Honore de Balzar nunca llegó a entender de su propia criatura, el “avaro” Grandet.

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