“Bendita Calamidad” es un relato
simple y simplista, que tan solo aporta al lector entretenimiento.
Los personajes son pura parodia, sin embargo caen bien.
Se describen hechos sin
profundizar en los mismos, como en el periodismo diario. Pero una
novela no es un diario. A una novela
se le debe exigir algo más: debe reflejar el trasfondo de los hechos, los
pensamientos, ideas y emociones de algunos de los personajes para compartirlos
o juzgarlos, contagiarnos o asombrarnos, etc.
La narración se reviste de humor
que sirve para disimular la candidez del texto. Humor sencillo, de protagonistas inocentemente malvados y de personajes extraños y entrañables, como el habitante de un pozo, donde el autor muestra su gran imaginación y poder creativo.
La escena
final de la catedral es la mejor, aunque se podría haber aprovechado para dotar a la
novela de un poco de profundidad: hacernos sentir la obscuridad, la
humedad y la estrechez del recinto para ponernos el corazón en un puño, acongojarnos,
hacernos sentir la claustrofobia. Lamentablemente no se consigue, posiblemente
no sea el objetivo del autor.
Como Literatura floja, como novela
de entretenimiento puede pasar.
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