En esta novela se combina una narrativa embarrullada, además
de simplona, pero con una excelente idea: el sentido y significado de los libros
para el Hombre.
Interpretando a Bradbury, creo que su mensaje viene a
segmentar la actividad de búsqueda cognitiva de las personas en dos tipos:
1. Sensaciones libres de ideas, cuyo fin
último es la felicidad.
2. Emociones asociadas a ideas, cuyo fin
último es la libertad.
Se nos plantean dos mundos irreconciliables, que se desprecian mutuamente, pero con
fuerzas desequilibradas a favor de la primera opción, la mayoritaria.
Y es que para conseguir la felicidad las ideas sobran o, en su
defecto, han de ser muy simples. Lo importante es buscar la felicidad a través
de sensaciones que se encuentran en la música, los viajes turísticos, los
placeres directos, las conversaciones sobre las cosas, etc. La televisión y, en
menor medida, el cine son los grandes medios para transmitir felicidad.
Sin embargo para ser libres las ideas son imprescindibles,
pero no ideas programadas, sino ideas que generan emociones o que son generadas
por ellas. Para conseguirlo hay que reflexionar, pensar y conversar, no sobre las cosas, sino sobre el
significado de las mismas e, incluso, sobre el significado del significado de
las cosas. Para ello los instrumentos más adecuados son los libros y el diálogo
reposado.
Pero realmente, los libros pueden
provocar y dar cobertura a ambos mundos. Teniendo que distinguir entre Lectura y Literatura. Pueden, efectivamente,
proporcionar simples sensaciones libres de ideas a través de la Lectura o
pueden despertar ideas emocionales a través de la Literatura.
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