En mi opinión si sientes que la vida está controlada por ti mismo, “en lugar de ir a rebufo de ella en el vagón 23” te sentirás más libre, pero no más feliz. Te sentirás más libre porque tus pensamientos, ideas y conducta será tuya propia y no adquirida en los diferentes eventos socializadores en los que hayas participados, pero ¿feliz?, lo dudo, no tiene nada que ver.Siguen 20 capítulos sin ningún interés literario, compitiendo entre lo malo y lo pésimo, llegando, a veces, al extremo de la tontería, como en el capítulo final del relato.
Acaba el libro con un capítulo a modo de conclusión filosófica para exponer dos conceptos:
1.- “Querer es más valioso que te quieran”. Discutible, el amor es, al menos, cosa de dos. Solo puedes querer sin que te quieran a seres intrínsecos a ti mismo, como puede ser un hijo, que es como quererse a sí mismo. Todo lo demás entra en el terreno de lo anecdótico e, incluso, de lo patológico.
2.- “Darnos cuenta de que nos hemos pasado la vida desde pequeños respondiendo a la pregunta –qué me gusta-“. Sinceramente, no lo entiendo, ¿cómo se puede querer sin pasión? ¿querer y gustar, no son términos similares? ¿Quiere decir que no debemos ser egoístas? Sería como no ser humanos.
En definitiva, lo mejor del libro el título.
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