Mas pretensiosa que efectiva,
trata de la lucha interna que mantienen algunas personas, en algunas ocasiones,
entre la acomodación a un entorno hostil y la adaptación del entorno al propio deseo, "las razones del corazón".
Pereira es de los primeros, de los que se acomodan, pero su "yo dominante"
se va modificando hacia el segundo postulado, tras conocer al joven Monteiro
Rossi y a su novia Marta.
La transformación se va adquiriendo por sucesivos encuentros con variados personaje, la señora Ingeborg Delgado del tren, el Doctor Cardoso de la clínica talasoterápica, su pragmático amigo Silva, que le hacen modificar su “yo dominante”. La gota final, la que hace desequilibrar la balanza definitivamente se da con el vil asesinato que comete la policía portuguesa.
Mientras transcurre la historia,
el autor nos va introduciendo en los pensamientos y circunstancias del Pereira:
su obesidad, su pésima conducta alimentaria, la bisoñez con que se deja embaucar
de Monteiro, sus dudas e incertidumbres que le hacen humano y cercano, y su
disonancia entre lenguaje y pensamiento, en varias ocasiones el narrador nos
menciona que no sabe porque dice lo que dice.
Antonio Tabucchi nos hace meditar
sobre varios temas de gran envergadura, no obstante, lo hace de una manera
simple y simplista, sin profundizar y sin analizar las circunstancias desde
todos los puntos de vista. Te plantea la temática al introducirla, pero te
quedas con ganas de más, ese más es el propio lector el que lo tiene que
encontrar, fuera del texto, por supuesto.
·
De la muerte se habla mucho, pero no se llega a
entender que quiere decir, si es que quiere decir algo. ¿Muerte como oposición
a la vida?, o ¿muerte como culminación de la vida?
·
Su extravagante teoría del alma, que ni merece
atención.
·
Mayor relevancia tiene la relación entre
filosofía y literatura, ambas disciplinas buscan lo mismo pero de diferentes maneras.
Pero Antonio Tabucchi nos deja pendientes de ahondar en la relación.Por
ejemplo, hacerlos ver como el cristianismo se ha apoderado de la filosofía,
pero no ha podido con la literatura. Que por ello la literatura es más
significativa, a pesar de utilizar sistemas de trabajo menos metódicos.
·
Algo similar pasa con el catolicismo y su
postura ideológica. No se pueden negar las raíces católicas del marxismo,
aunque este reniegue de él, pues tienen en común la pretensión del bienestar
social y el humanitarismo, pero desde postulados diferentes, el catolicismo
desde el individual y el socialismo desde el social. No dejan de sorprender las
alusiones al obispado vasco.
·
En la relación de la Política con la cultura, y
en definitiva con el periodismo, es el tema principal donde el autor se
explaya. Pero la visión que aporta es dogmática, parte de un sutil estado
posicionado. Las dictaduras se convierten en blanco fácil, pero la alternativa
a las mismas está desfigurada: ¿la república? ¿qué tipo de república? ¿la
plagada de comunistas que buscan la primera oportunidad para proclamar la
dictadura del proletariado? ¿o la república democrática? ¿Por qué no la monarquía
democrática? Los contendientes españoles del bando republicano, ¿son
representantes de los valores democráticos? Ni se ve así ahora, ni lo veían
entonces las potencias con tradición democrática como Francia e Inglaterra. La afinidad
de la república española con la Rusia de Stalin, ¿no es tan aberrante como
la franquista con la Alemania de Hitler,
la Italia de Musolini o la Portugal de Salazar?
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