Bibliografía de un poeta mediocre del siglo XV, cuyo interés debe de radicar en que escribía en valenciano antiguo.
El libro se centra en la vida amorosa del poeta y de cómo influye en su obra poética. Ausiás March es un señor feudal que se recrea en conquistar a doncellas, artistas, siervas y esclavas, llenando el mundo de bastardos. Tiene dos matrimonios donde el interés y el amor están íntimamente unidos; ambas mujeres fallecen prematuramente.
Choca la excesiva importancia que da Josep Piera a la vida sexual del poeta, como si fuese algo extraordinario, y más en personas poderosas que controlan bienes, haciendas y vidas.
Si que resulta interesante encontrar, una vez más, en la vida de Ausiás March, y en época tan distante como el siglo XV, la típica hipocresía conservadora de raíz cristiana en lo relativo a la vida sexual “pecaminosa”, la cual se enmienda con un “sincero” arrepentimiento, para volver a caer un poco más tarde en la misma tentación. Esa confusa conducta no tendría mayores consecuencias si no fueran tan pesados en su repetido y cansado intento de adoctrinamiento, que ni ellos mismos se creen y son incapaces de llevar a la práctica.
En algún lugar del libro, el autor Josep Piera califica al poeta de pensador y filósofo. De ser cierto, en el libro no hay ninguna pista que nos lo identique como tal y no se indica ni una sola idea original de Ausiás para que merezca esa prestigiosa etiqueta. La poesía que aparece en el libro es una poesía lírica superficial, cuyo único valor es el histórico y, eso sí, que está escrita en legua diferente al castellano.
Ocupado en contarnos la vida amorosa de Ausiás March, Josep Piera nos deja con ganas de saber más sobre aficiones tan interesantes como el entrenamiento de halcones o el incipiente comercio de la caña miel, que si bien las nombra no las desarrolla con un mínimo de solvencia para que el lector pueda hacerse una idea de que pudo significar esas actividades en su mente poética; o solo, como me temo, le influyo sus correrías mujeriegas con sus siervas y esclavas. Tampoco habla de la estructura de los poemas.
Igualmente, la vida y costumbres de la época quedan señaladas de forma somera, dejándonos con ganas de saber más sobre: la vida en las ciudades como Valencia y Napolés, las relaciones de los señores con los vasallos, la gestión del comercio, los pleitos entre nobles, etc.
Sin proponérselo, supongo, el autor Josep Piera nos da una imagen de grandeza de la Corona de Aragón sin que Aragón pinte nada en ella, recayendo el mérito de la misma en valencianos, catalanes e, incluso, en baleáricos. Da la impresión de que se cuenta una versión sesgada de la historia.
No parece que la catadura moral de Ausiás March sea muy elevada, y no lo digo por su irrelevante vida disoluta, sino por el abandono y aislamiento en el que parece que dejo a su hermana sordomuda, Peirona.
En el epílogo, Josep Piera lanza guiños nacionalistas con el estandarte de la lengua valenciana. Lengua a la que hay que encontrar autores clásicos, sin importar su calidad (esto lo añado yo). Ausiás March va como anillo al dedo para este cometido. El cantautor Raimon lo vió perfectamente.

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